Una cata no necesita mantel blanco, fichas de puntuación ni un silencio solemne. Puede ser una tarde con amigos, varias botellas abiertas en orden y una conversación que, casi sin querer, acaba girando en torno a lo que hay en las copas.
Preparar una cata de vinos en casa tiene menos que ver con la técnica que con cuidar algunos detalles. Elegir bien los vinos, decidir en qué orden servirlos y darles las condiciones adecuadas basta para que cada uno pueda expresarse y para disfrutar del recorrido de principio a fin.
Una cata en casa es una forma sencilla de probar varios vinos uno tras otro, con la intención de observar qué los une y qué los diferencia. Esa intención es lo que la distingue de abrir unas botellas durante una cena.
No se trata de acertar descriptores ni de reconocer variedades. Se trata de probar con atención, descubrir qué transmite cada vino y poner en común lo que percibe cada persona. No todos encontraremos lo mismo en una copa, y precisamente ahí empieza buena parte de la conversación.
Para un grupo de cuatro a ocho personas, entre tres y cinco vinos es una cifra razonable. Con menos, apenas hay margen para comparar; con más, el paladar se cansa y la conversación se dispersa. Una botella suele ser suficiente para un grupo de estas características si se sirven pequeñas cantidades, pensadas para catar y volver a cada vino.
Lo que da sentido a la selección es un hilo común. Puedes reunir vinos de una misma zona para observar cómo cambian según la variedad o la elaboración, vinos de una misma variedad procedentes de regiones distintas o varias referencias de una sola bodega.
Esta última opción puede ser especialmente interesante para empezar. El estilo de fondo se mantiene y, precisamente por eso, se entiende mejor por qué dos vinos de la misma bodega pueden ser tan distintos cuando cambian la parcela, la edad de las cepas o el tiempo de crianza.
La gama de Celler Mas Doix ilustra bien la idea. Reúne ocho vinos, desde Les Crestes, fresco y afrutado, hasta 1902 Tossal d’en Bou, su Gran Cru, e incluye dos blancos, Murmuri y Salix. Con tres o cuatro vinos ya se puede construir un recorrido que permita descubrir distintas expresiones del Priorat y de las viñas de Mas Doix.
El orden de cata influye mucho en cómo se percibe cada vino. La pauta general es ir de menos a más: jóvenes antes que los de crianza, ligeros antes que los más estructurados.
Un vino con una estructura tánica marcada puede dejar una huella en la boca que condicione el siguiente. Empezar por los vinos más frescos y delicados permite que cada copa encuentre su espacio.
Si vas a incluir un vino dulce, déjalo para el final. Y si dudas entre dos tintos, empieza por el que tenga menos alcohol o menos presencia de madera; la etiqueta trasera suele indicar ambos datos, así que puedes decidir el orden antes de descorchar.
Un recorrido posible con vinos de la misma casa sería este: Les Crestes, un vino afrutado, continuar con Poboleda y, para cerrar, 1903 Coma de Cases, un Cru que comparte nombre con una de las cinco parcelas de la bodega. Entre las distintas copas cambia la procedencia de la uva y, con ella, su expresión. El recorrido permite descubrir cómo un mismo territorio puede hablar de maneras diferentes a través de cada vino.
La temperatura cambia la percepción de un vino más de lo que suele pensarse. Como orientación, los blancos se muestran bien entre 8 y 12 °C y los tintos entre 14 y 18 °C. Un tinto demasiado cálido puede resultar más pesado y alcohólico; uno demasiado frío, más duro de lo que es.
En casa, la solución es práctica. Saca los blancos de la nevera un rato antes de servirlos y, si la habitación está caldeada, mete los tintos en la nevera unos quince minutos. Los tintos con más cuerpo agradecen abrirse un poco antes; para vinos de ladera y cepas viejas, hay algunas pautas sobre cómo servir un vino del Priorat para que exprese mejor.
Las copas no tienen que ser especialmente sofisticadas, pero sí adecuadas. Lo ideal es que sean de cristal fino y transparente, con un cáliz suficientemente amplio y ligeramente cerrado en la parte superior para favorecer la expresión de los aromas. Una copa por persona basta si se enjuaga con un poco del vino siguiente; con dos, puedes comparar en paralelo.
Conviene tener agua a mano, pan sin sabores intensos para limpiar la boca entre vinos y un recipiente discreto para quien prefiera no terminar cada copa. Servir pequeñas cantidades, unos cuatro o cinco centímetros, permite volver al vino a medida que avanza la cata y observar cómo evoluciona en la copa.
Si alguien propone sacar queso o embutido, quizá sea mejor dejarlo para después. Durante la cata interesa que el vino pueda expresarse sin que otros sabores interfieran. Al fin y al cabo, el mismo vino puede cambiar según la comida, y aquí buscamos conocer qué nos cuenta la copa por sí sola.
Antes de empezar, puedes numerar las copas o marcar discretamente el pie para no confundir los vinos. Si quieres convertir la cata en un pequeño juego, también puedes cubrir las botellas y descubrirlas al final. Sin la etiqueta delante, la atención se centra únicamente en lo que encontramos en la copa.
Cada vino puede recorrerse en tres momentos. Primero, la vista: inclinar la copa sobre un fondo blanco y observar el color y su intensidad. Después, la nariz, oliendo el vino en reposo y de nuevo tras girar la copa, para notar cómo se abren los aromas.
Por último, un sorbo pequeño que recorra toda la boca, prestando atención a lo que queda al tragar. Ahí se aprecian tres cosas fáciles de comparar entre vinos: la acidez, que hace salivar; el tanino, que seca un poco las encías en los tintos; y la persistencia, el tiempo que el sabor permanece después de beber.
Luego llega la conversación. Las preguntas sencillas funcionan mejor que el vocabulario técnico: ¿qué vino te ha sorprendido más?, ¿cuál abrirías con una comida?, ¿cuál ha cambiado desde que se sirvió? Hay otras preguntas que ayudan a entender mejor un vino durante una cata y que sirven para que hable también quien no se atreve a opinar.
También merece la pena volver a los primeros vinos al cabo de un rato. Un vino que acabamos de servir puede mostrarse de una manera diferente una hora después. Observar esa evolución forma parte también de la experiencia.
No hace falta tomar notas exhaustivas. Anotar dos o tres palabras de cada vino —una impresión en nariz, otra en boca y si volverías a beberlo— puede ser suficiente para recordar qué os transmitió cada copa cuando llegue el momento de volver a abrirla.
En la tienda de vinos de Mas Doix puedes reunir un blanco, un tinto de expresión fresca y otro de mayor estructura, y construir con ellos una cata con un recorrido claro de la primera copa a la última.
Una pequeña selección de vinos permite observar diferencias, comparar sensaciones y disfrutar la conversación sin convertir la cata en un examen. Elige los vinos de Mas Doix para preparar tu cata en casa.